Be water, my friend

Se dice del Ser Humano que es un animal terrestre. 

Y sí, nuestra arquitectura biológica está diseñada para sobrevivir en la tierra. El oxígeno lo tomamos del aire y la evolución ya nos facilitó caminar sobre las extremidades inferiores, regalándonos asegurados dolores de espalda. También estamos programados para trepar por los árboles…cosa que ya no hacemos. Y claro está, no podemos respirar dentro del agua.

Pero sí existe un vínculo muy poderoso desde tiempo inmemorial con el líquido elemento. El ser humano necesita el agua para hidratarse y asearse. Pero este medio, a priori hostil, nos agasaja con una sensación única: la ingravidez.

Porque flotar nos permite adoptar posiciones y posturas imposibles fuera del agua, y esto nos aporta una grata sensación de libertad. Y una vez superados los miedos propios de los no iniciados, sean niños o adultos, el agua nos invita al relax, a los juegos, a hacer deporte. Todo esto sin apenas impacto articular,  lo que nos produce bienestar porque podemos sentir cansancio pero raras veces dolor. Ya se trate de una persona con dominio del medio o no, el disfrute está garantizado. 

Por todo ello, la actividad física en este medio puede tener objetivos tanto terapéuticos como meramente deportivos, al nivel deseado. Se dice de la natación que es el deporte más completo. Y es que nadar es ritmo, equilibrio, armonía. Las adaptaciones provocadas en nuestro organismo como respuesta a la práctica continuada de la natación tienen mucho que ver con las características propias del medio acuático. El agua fluye, y si para conseguir controlarla  y dominar nuestro cuerpo en ella, debemos fluir también.

El trabajo en el agua con resistencias plásticas y progresivas, junto con la posición anatómica adoptada para realizarlo, provocan la elongación de los músculos; el ritmo e intensidad de la respiración durante el esfuerzo favorecen el fortalecimiento del sistema circulatorio y respiratorio. 

Los movimientos y las palancas que nuestro cuerpo realiza al nadar son simétricos, extremidades inferiores y superiores actúan de manera coordinada, activando a su vez el conjunto muscular del tronco.

Y la respiración, el latido, y el bombeo de oxígeno, son casi musicales para un nadador entregado a la tarea.

El agua es un fluido, y se adapta al recipiente que lo contiene. Cuando entramos en ella, niños, adultos, mayores. Bañistas y nadadores empedernidos, nos adaptamos a ella. Y fluimos también. 

Sé agua, amigo mío.

Por Azahara Martínez, Entrenadora Nacional de Natación y miembro del equipo.